Terapeuta Floral

El terapeuta Bach y la castidad personal

La ética del gran arte de sanar. El terapeuta Bach y la castidad personal. ¿Qué son las glosas de Edward Bach? Virtudes, para ilustrar la ética del gran Arte de Sanar.
Bach hilvanó un método en el que cinceladas piezas - los arquetipos florales - enuncian estos principios fundamentales a los que Bert Hellinger llama: los órdenes del amor.

Virtudes
Para ilustrar la ética del gran arte de sanar como la denomina textualmente Bach, quizás la mejor figura sea la de los Doce Caballeros del Rey Arturo, alguna vez asentados en el País de Gales, numéricamente iguales a los Apóstoles que se sentarían en la Ultima Cena y también a los signos del Zodíaco.
Hay una segunda coincidencia entre los apóstoles, los caballeros y los signos del zodíaco, su diversidad apunta a señalar que de entre los doce ninguno es mejor que otro, todos están a igual distancia de la misma mesa sin bordes, una tabla redonda.
También el método de sanación por las flores de Bach se centra en evitar toda distribución moral o autoritaria entre un estado de salud y otro. Por eso los 38 arquetipos no tienen un orden jerárquico. Hay entre ellos correlaciones autárquicas de un estado de transición a otro posible.
Así como no hay jerarquía entre los estados transicionales con que Bach describe la salud tampoco es posible la idea de un Terapeuta Bach que se erija como una autoridad académica imparcial pensando que puede juzgar los 38 estados negativos como algo que le es "ajeno". Para ilustrar esto volveremos a la misma figura. Lo que daba derecho a sentarse en la Tabla Redonda del Rey Arturo era el voto de castidad personal que hacía cada caballero. Una promesa que los comprometía a transitar un camino de trabajo sobre su propia salud física síquica emocional mediante el ejercicio casto medido de ciertas virtudes, diferentes para cada uno de los doce.
La antigua castidad - a la que Bach llama Caridad - desvanecía los miedos, las incertidumbres, la preocupación, por medio del gran arte de cultivar las experiencias personales de los estados de éxtasis cuya síntesis propendía al estado de plenitud.
Para esta cosmogonía, cuyo espíritu renace en el siglo XX en la obra de Edward Bach, el quid está puesto en esta resistencia abierta a lo impersonal, lo racional, lo objetivo que en lugar de un arte ético genera actitudes morales y autoritarias.
El que tiene derecho a sentarse en la mesa de los terapeutas Bach es aquel que cura porque de él deviene un tipo de poder por el cual establece con sus colegas y pacientes hermandades transitorias a medida que va teniendo la oportunidad de templarse y perfeccionarse atravesando el mismo los estados negativos. El gran arte de sanar solo se adquiere junto con la sanación personal.
Bach cifró la tarea de sanar en relación con la medida proporcionada que debía guardar la caridad con los demás respecto a la caridad consigo mismo.
El terapeuta Bach debe cultivar su propia sanación, esta es su arma más esencial. Por eso ofrecemos esta descripción del Terapeuta Bach, en dos posters diferentes. En uno los estados negativos o defectos y en otro los estados positivos o virtudes que debe reconocer cada terapeuta en él mismo para poder guiar a otro a reconocerse.

1 Rock Rose.
El terapeuta que no pide socorro y recurre a su seguridad interior.
En su estado positivo es el terapeuta capaz de no entrar en emergencia y de guiar al paciente a encontrar su seguridad interior sin volcarse a una actuación para buscar socorro.

2 Mimulus. El terapeuta sin miedo al miedo que se siente indestructible.
Es el terapeuta que en su estado positivo es capaz de alinear su torso y de sentir la propia indestructibilidad de abrirse pero no como movimiento contrario al cerrarse del estado negativo. De guiar al paciente a la conciencia de que afuera es como adentro y que las barreras del miedo desaparecen si las levantamos y las bajamos sin preferencia por una de las dos circunstancias porque Mimulus es un estado en que pese a que el pretexto fóbico es puntual y concreto revela la necesidad coercitiva de ponerse a salvo. Mimulus positivo sabe que su miedo es un signo. No es que pierda todo el miedo sino que no teme al miedo y esto hace que sus parámetros de convivencia con el peligro crezcan.

3 Cherry Plum.
El terapeuta que acepta su destructividad y comienza su crecimiento interior.
En su estado positivo Cherry Plum comienza su crecimiento interior esto significa que presta oído a sus partes destructivas que le ordenan actuar, las reconoce como suyas al igual que reconoce la destructividad en su partinaire y en su paciente, la diferencia es que al dejarlas vivir no las siente como presión y no teme que lo descontrolen. Porque sólo se descontrola lo que queremos controlar. Controlar, autodominarse no es crecer. No se trata de dar rienda suelta a la agresividad sino de no temerla. La presión que hace saltar la barrera, puede desaparecer, si nuestro Cherry positivo rompe la falsa disyuntiva.

4 Aspen
. El terapeuta que acepta junto a la razón otras vías nobles y las usa sin temor.
Cuando el terapeuta es capaz de usar su sensibilidad para conectarse con mundos sutiles que conviven con nosotros, aunque nuestra percepción basada en los cinco sentidos no lo pueda comprobar, puede guiar al paciente a decodificar las informaciones que le llegan sin turbación y aceptando que al lado de la razón hay otros modos igualmente nobles que deben desarrollarse en nosotros si no los declaramos malignos y oscuros, si dejamos de combatir lo diabólico y hallamos su justa traducción. Beech tapa su Aspen dedicándose a cazar fantasmas fuera.

5 Red Chestnut.
El terapeuta que encuentra sus fuentes de nutrición interior en la dimensión energética adecuada.
En el estado positivo Red Chestnut es capaz de guiar al paciente a nutrirse de fuentes vitales y de ser capaz de nutrir a otro. De sanar y de sanarse a través del camino de la evolución personal junto a seres que están en distintos niveles de este ascenso, pero sin establecer vínculos enajenados.
El terapeuta Red Chestnut positivo es el que no mantiene al paciente incautado y le delega el poder, hasta que este lo recupera por completo.

6 Cerato El terapeuta que diagnostica con convicción y no busca el saber externo.
En su estado positivo es el terapeuta capaz de sentir que su juicio su convicción y su diagnóstico, tanto como sus prescripciones brotan de adentro suyo sin temor por su auto individualización sin la angustia que lo obliga en el estado negativo a buscar un saber ajeno. Cerato es la flor del conocimiento y en este sistema saber y conocimiento son opuestos sólo el conocimiento interior permite a Cerato dejar de estar en espejo con el paciente y recién puede ser una guía.

7 Scleranthus. El terapeuta que en su diagnóstico adecua distintos registros
En el estado positivo es el terapeuta que se permite errar y busca es sus registros ordenados la adecuación entre las experiencias y sus pensamientos. Sale del movimiento polar esterilizante. Practica la política del tómalo y déjalo sin lamentar lo uno ni lo otro y en la misma proporción dice durante el día, tanto si como no. Sale del ni si, ni no.

8 Gentian. El terapeuta que enseña a ver a través de la oscuridad
En su estado positivo puede ver la luz en la oscuridad. Así como Cherry es el comienzo de la melancolía más devastadora Gentian es su continuidad en la depresión. La diferencia es que mientras Cherry en su estado negativo explota, Gentian pacta paz con la presión - falta de trabajo, dinero, etc. - e inmoviliza su ánimo. En el estado positivo ve, puede guiar al paciente a entender que el pretexto para deprimirse es justamente un modo de aplacar la angustia que le provoca su cuota natural y necesaria de agresividad.

9 Gorse. El terapeuta que encuentra en lo opaco lo translúcido.
El terapeuta Gorse en estado positivo puede conservar la esperanza así como dijimos de Gentian positivo que puede recuperar su fe. La fe mueve montañas Gentian y Gorse cuando acceden al estado positivo encuentran una confianza en sí mimos y en los demás que nada tiene que ver con el autoritarismo de Vine ni con la actitud intolerante de Beech.
Gorse como Sweet Chestnut y también como Aspen pueden acceder o ascender al lado iluminado solo si atraviesan el lado oscuro de estos estados. Y el ascenso es tan luminoso como fue en proporción directa la oscuridad. Esto los hace terapeutas que pueden guiar a la iluminación al paciente.

10 Hornmbeam.
El terapeuta que se despierta y tiene la fuerza de un toro.
Hornmbeam en el estado positivo despierta al paciente de su indolencia deja de esperar que le den de comer en la boca y que lo estimulen de fuera que es también el drama de Red Chestnut sólo que en uno el lenguaje es la conducta orgánica y en el otro expresa la pereza de su emotividad.
En el estado positivo puede sentir la vitalidad y la fuerza, la energía de la que es el motor cuando se hace parte, emoción, carne de lo mismo. Deja la morbosidad que lo drena y en la misma medida se potencia y puede guiar a su paciente a conectarse con su suelo pélvico.

11 Wild Oat. El terapeuta que encuentra y cumple una misión.
En el estado positivo el terapeuta Wild Oat puede enraizar sus proyectos. Encuentra algo que es del estatuto de la misión y aúna en ella sus realizaciones abandona las ambiciones sin puerto y logra sencillez en sus relaciones. La sencillez que asiente a este terapeuta deviene de haberse dejado caer paradójicamente. El que no ha bajado solo se mantiene colgado pero no puede subir. Podrá entonces dar por suficientemente buenas sus obras y acompañar al paciente sin desperdigarse a encontrar su misión propia.

12 Clematis. El terapeuta hacedor capaz de traer otras realidades
En el estado positivo la excentricidad de Clematis se trasmuta en una virtud que le permite encontrar los medios para hacer materialmente posible su intercambio con la realidad y traer a ella otras realidades que a veces a sus pacientes les parecen ideas bárbaras pero impracticables. En el estado positivo Clematis es un "hacedor" un alquimista que tiene en cuenta las leyes tanto como la naturaleza de los procesos.

13 Honeysukle. El terapeuta capaz de cambiar el pasado
En el estado positivo Madreselva deja su álbum de fotos color sepia y mira el pasado desde otros ángulos. Es como si entrara con una máquina de fotos y reconociera otros colores emocionales que no existían en su archivo. De pronto la tía gruñona que sólo recuerda por ese rasgo en miles de anécdotas tiene otras facetas y sus gruñidos se resignifican. El pueblo de la niñez no le dio el paraíso que siempre dio por cierto, su relación con lo perdido no fue tan buena y por eso no puede dejarla en paz. Madreselva positivo se anima a desconstruir el ideal de una pieza y la melancolía cede paso al genuino interés por las cosas en la medida de sus relaciones posibles.

14 Wild Rose. El terapeuta capaz de remontar las fuerzas karmáticas.
En el estado positivo deja atrás su apatía y reemplaza la fuerza karmática de sus repeticiones. En línea con Cherry, Wild Rose trata de controlarse manteniéndose elegantemente fuera. Cuando sale de este negativismo es capaz de romper el circuito sadomasoquista que va de Cherry a Gentian, Wild Rose, Walnut, Elm, Vine. Y en su lugar aparece un sin fin de pequeñas cosas que va tomando de una a una sin atribuirles una filiación fatídica. Sólo como simples posibilidades que lo llevan a actuar y a hacer. La serie tres es la de los terapeutas que se quedan con las manos vacías, en el estado positivo estas se llenan.

15 Olive. El terapeuta que lleva a la paz
En el estado positivo Olive es - dijimos - el árbol frondoso debajo del cual se encuentra la propia paz. En el estado negativo Olive no reconoce la ley del cuerpo ni la ley de su espiritualidad y lleva su máquina hasta fundirla. El stress mantiene a muchos sujetos más activos que el normal de los sujetos hasta que los pone fuera de juego, esta es su dinámica. Olive en el estado positivo puede reconocer los períodos en que nos parece que estamos quietos y sin embargo es cuando nos movemos con sentido propio.
Esta serie comparte de algún modo las virtudes positivas de Water Violet que tienen que ver con la terca reserva.

16 White Chestnut.
El terapeuta que accede a un estado superior al de la vigilia
En el estado positivo el terapeuta White Chestnut es capaz de deshacerse de los pensamientos inútiles y de las articulaciones sin relevancia. Mantiene la cabeza fría. Se comunica genuina y humanamente con el paciente. Se conmueve. Y es capaz de establecer con él un vínculo que reconoce su alteridad. Este estado es un atributo sin el cual el terapeuta no puede guiar al paciente a salir de su adormecimiento ya que White vecino de Star y de Hornmbeam son estados en los cuales una nueva vigilia debe aparecer para soltarse de un goce que hipnotiza al punto de hacer que uno se arroje a las fauces de la serpiente.
White Chestnut revivifica y conecta al terapeuta.

17 Mustard.
El terapeuta que ilumina
El terapeuta que ha atravesado el estado negativo - ya que no se accede al estado positivo de otro modo - da un salto en la evolución. El brutal adormecimiento de la conciencia que lleva a Mustard a un nivel de invasión casi somática se transmuta en la misma cantidad inversa y proporcional de comunicación sutil luminosa. Mustard es un atributo desde el cual como desde el estado positivo Willow se experimentan estados de gracia y plenitud estados de éxtasis que se comparten.
El atributo positivo es la serenidad que alcanza cuando se acepta la tristeza y la alegría con la misma serenidad.

18 Chestnut Bud. El terapeuta que adivina
En el estado positivo es el terapeuta que ha evolucionado capaz de reconocer las leyes y naturaleza de la realidad física y social de un vistazo y de transmitir los símbolos de transmutación al paciente. Horizontalmente sólo está en línea con Oak. En el estado negativo ambos están casi fuera de lo humano. Uno retrasado, fuera de la especie, el otro resistente a las radiaciones. Si Chestnut Bud en el estado negativo repite en lo positivo se hace adivino, la clave es dejar toda tozudez. Como lo es para Oak dejar toda rigidez.

19 Water Violet El terapeuta que usa la dificultad para unir
Botánicamente, la Violeta del Agua esbelta y solitaria, esconde sus raíces bajo el agua. Los terapeutas Water Violet en su estado positivo consiguen abandonar su estado de prescindencia y mostrase necesitados de comprensión y apoyo.
Pero en el estado negativo temen al rechazo y se aíslan, este aislamiento está descripto por Bach en el cuento de los árboles cuando dice que a la salida había dejado de mirar con superioridad a los otros y podía decirles que él tenía las mismas dificultades. En el estado positivo puede guiar al paciente a compartir sus debilidades tanto como su sabiduría. Cuando sólo se hace una de las dos cosas termina por no poder hacerse ni siquiera una.

20 Impatiens
. El terapeuta de la paciencia
En su estado positivo Impatiens puede esperar que los pacientes lleguen por si mismos y también puede darse tiempo para llegar. Por ejemplo cuando hay una infección en el cuerpo simplemente la eliminamos sin decodificar que es la expresión de fuerzas psíquicas que están en conflicto, se crea a la larga una disposición para los procesos infecciosos porque las defensas propias se resienten. Impatiens resuelve ad hoc pero a la larga esto posterga el conflicto del que creyó liberarse. Si usamos uno tras otro los medicamentos analgésicos sin tener la paciencia necesaria para escuchar las señales del síntoma físico o psíquico el síntoma reaparecerá. La impaciencia es mala consejera. En el estado positivo Impatiens puede guiar al paciente a dejar la aceleración que no significa detenerse como Heather ni retraerse como Water Violet sino relajarse en relax, nuestra actividad puede ser aún mayor pero no nos cansará ni nos llevará a hacer grandes maratones y desinflarnos repentinamente como a Impatiens en su estado negativo.

21 Heather. El terapeuta que media entre el mismo y el paciente.
En el estado positivo el terapeuta Heather puede escuchar sale de su egocentrismo conciente de que está usando al paciente para sentirse existente. En el estado positivo Heather comparte sus cualidades positivas de los terapeutas de las series II y VII. Dejan de adherirse al otro para ocultar su propio cercenamiento. En la serie II autocercenamiento y en la VII cercenando a otro. En su estado positivo desarrolla la capacidad de establecer un justo medio entre sus necesidades y las de los demás y sobre todo sale de su detención. Heather está empastado epilépticamente engrudado en su mecanismo que no lo deja ni ir hacia el otro ni ir hacia adentro.
Sus temas en el estado negativo son largos informes sobre si mismo, en el estado positivo registra esta necesidad y si consigue ayunar es decir, dejar de contar sus necesidades de ser tenido en cuenta hace que este estado se disuelva y se expande la conciencia hacia otras direcciones que lo hacen trascender su empantanamiento

22 Agrimony. El terapeuta que conoce la alegría
En el estado positivo el terapeuta Agrimony encuentra que es capaz de experimentar la "verdadera alegría" el éxtasis del que hablan los salmos. En el estado negativo se euforiza para negar el estado negativo de Rock Rose y como teme paralizarse se hace hiperactivo. La lección que recibe Agrimony positivo es que si no rechaza el odio, que es un sentimiento legítimo como el amor, ni la tristeza, la quietud, lo amargo, el tormento que le provocan se trasmutará en voluptuosidad. No se trata del placer perverso sino de un estado en el cual se disfruta por igual de la tristeza sabiendo que la alegría está arriba cuando ella abajo y viceversa. En el libro de todas las religiones se habla de esto pero vivenciarlo exige una gran luz interior.

23 Centaury. El terapeuta que conoce el servicio
En el estado positivo el terapeuta Centaury es conciente de la disciplina del servicio y de la disciplina del poder personal y no las puede considerar sino como caras de la misma moneda como hace Agrimony con lo oscuro y lo luminoso. Pero en el estado negativo los terapeutas de esta serie del odio niegan una de sus mitades con lo cual - otra vez lo decimos - niegan ambas. El servicio de Centaury no lo libera de sus bajas pasiones hasta que no equilibra esta balanza y disuelve la dicotomía amo–esclavo.
El que quiere ser amo termina esclavo y viceversa. Y esa es la mitad que Centaury reconoce en su estado positivo.

24 Walnut. El terapeuta que conoce la liberación
En el estado positivo el terapeuta Walnut no teme su niño trasgresor interno; ni tampoco se identifica con su padre represor externo. Puede vivir sin la necesidad de ser aprobado por los grupos de poder - religiosidad, sexualidad, saber - y de control que actúan desde dentro y desde fuera suyo.

25 Holly. El terapeuta que se desprende de lo carnal.
En el estado positivo el terapeuta Holly cumple con sus propias preferencias, deja de lado sus apegos, aun sabiendo que los pierde sube a la cruz por sus propios pies - estado que Walnut preanuncia–. En el estado negativo cuando el terapeuta se siente frente al paciente y también frente a los colegas, cuidando con celo su propio lugar a costa aun de sus preferencias, no puede guiar al paciente a reconocer que los sentimientos de ira, envidia y celos adjudican al otro el odio y la traición que no podemos reconocer dentro de nosotros. El lado oscuro del amor refleja las cosas que no se tiene y reconocernos siendo duro es el único modo de lograrlo.

26 Larch. El terapeuta que conoce el éxtasis de la humildad.
En el estado positivo la falsa modestia de Larch se transforma en humildad. La humildad se alcanza cuando el éxito o el fracaso no guían nuestros pasos. No se trata de que no tengamos rasero para medirlo sino de que ambos son igualmente relativos dentro de un camino que se construye sin ningún propósito que lo distorsione.
La lección de Larch es dejar de servir al ideal de su orgullosa personalidad. Es su engrandecimiento el que lo hace sentirse inferior. El humilde no desea dejar de serlo. El inferior sí. Nadie es más melancólico, nadie odia ni más ni menos que Larch en su impotencia. En el estado positivo no hay irritación simplemente Larch positivo sostiene el sentido de lo que hace más allá del éxito o del fracaso.

27 Pine. El terapeuta que conoce el éxtasis del arrepentimiento.
En el estado positivo Pine se abraza al verdadero arrepentimiento. La culpa es su contrapartida. El arrepentido no se hace auto reproches porque está en paz ha encontrado una posición en la cual el haber obrado bien o mal no son motivo de orgullo o vergüenza. Solo implican haber evolucionado como para dejar atrás un tipo de conciencia y de actos. Por eso es tan frecuente que la culpa no implique que se abandonen las conductas que se acompañan de ella. Por ejemplo las adicciones siempre se acompañan de este sentimiento que no hace sino agravarlas. Pero como siempre - una vez más vemos lo mismo - la culpa es el estado negativo en virtud del cual asciende el arrepentimiento. Nadie llega al arrepentimiento sin haber tropezado con su culpa y su orgullo. Se sana luego de enfermar.

28 Elm. El terapeuta que conoce el éxtasis del dar.
En su estado positivo el terapeuta Elm es conciente de que tras su generosidad y su altruismo están en pugna sus partes egoístas, sus exabruptos Cherry sin elaborar y su huida de la posición Vine por eso se empequeñece cuando surge la dificultad. También se hace positivo Elm solo si reconocemos que la súper responsabilidad es la otra cara de la irresponsabilidad de su gemelo Wild Rose.
Elm es un atributo positivo capaz de sanar dolencias físicas que se han instalado por esta sobrecarga y congestión en el cuerpo o la psiquis. Cuando el terapeuta Elm tiene este atributo su terapia es un camino para este paciente grave. Con dar la flor dice Bach no alcanza hay que auto sanarse o sea reconocerse en Elm.

29 Sweet Chestnut. El terapeuta que conoce el éxtasis de la redención.
El terapeuta Sweet Chestnut en estado positivo se diferencia de su homónimo en estado negativo porque puede salvarse. La salvación es un concepto de la cosmogonía que precedió al mundo romano, literalmente se salvan las almas que han pasado esta vida de modo que no tendrán que repetirla. En el estado negativo el terapeuta puede dedicarse a los necesitados desposeídos y apestados del planeta con profesionalidad full time pero lo hacen sin poder entregar el mensaje que los redima de su sufrimiento. La redención es un concepto que pertenece a la misma cosmogonía que la caridad - nombre que daba Bach a la sanación - tener caridad es tener un atributo que no se puede aplicar al prójimo mas que a uno mismo. Ama a tu prójimo como a ti mismo significa no es posible amarlo más y amar es dejar la personalidad y la historia personal de lado.

30 Star Of Bethlehem. El terapeuta que conoce el éxtasis de la renuncia.
Las flores no actúan sobre la materia aunque sus efectos se vean sobre ella. El terapeuta Star Of Bethlehem no puede ofrecer su corazón porque pone el acento en los aspectos materiales del trauma. Los aspectos positivos se alcanzan cuando el terapeuta se despierta de su adormecimiento y es capaz de guiar al paciente a dejar su viejo papel de mujer de tal dejar de ser la viuda que no sobrevive y tener una nueva misión. Si el terapeuta no ha superado su propio sistema de valores solo se fascina con la pena. Star Of Bethlehem positivo es un estado de éxtasis cuando se lo alcanza se puede recibir la propia muerte con alegría.

31 Willow. El terapeuta que conoce el éxtasis del perdón
.
Cuando el terapeuta Willow está en el estado positivo no se siente víctima.
En vez de reivindicar se encuentra con la reparación. Repara las situaciones en las que acusó a otro o a sus circunstancias. Este estado puede permitir el perdón pero no el perdón que persiste en que hubo ofensa y se entrega con demagogia. Esto no salva. Sino el que diluye la ofensa, la ofensa conciente la ofensa. Amar es conocer. Reconoce deja de reclamar. Como en Mustard la causa deja de ser no conocida deja de ser no amada.

32 Oak. El terapeuta que conoce el éxtasis del fluir.
El terapeuta Oak en estado positivo puede movilizar los resortes del paciente que se han tornado inoperantes, se han rigidizado, cuando posee los atributos positivos de esta flor. No se añaden ortopedias para reemplazar la ductilidad, sino que ésta le permite conseguir aquello que materialmente parecía imposible.

33 Crab Apple. El terapeuta que conoce el éxtasis de la purificación.
El terapeuta Crab Apple en su estado positivo es aquel maestro que puede purificar. El alquimista que conoce, no que sabe, las leyes por la cuales lo material se espiritualiza y viceversa.
La ley de la transmutación de los estados densos y sutiles.
Aquel que puede hacer que la ceniza de un tronco vuelva a ser hoja verde.

34 Chicory. El terapeuta que enseña el amor incondicional.
Deja de bregar para que el paciente reconozca su prestigio e influencia y se la agradezca, abandona la política del mártir. Abandona la autoconmiseración y cuando reconoce en la falta de plenitud interior la raíz motora de la invasión que hace al otro, suelta las riendas del tratamiento y puede guiar con su renuncia a que el paciente reconozca, a su vez, las insaciables maniobras con que intenta ocultar la detención de su evolución personal interna.

35 Vervain. El terapeuta que puede guiar y no elige "lados"
Abandona toda toma de partido por uno u otro estado en la vida del paciente. Es capaz de inspirar en vez de arengar. Promueve la apertura a nuevas formas de vida y permite que el paciente soporte los puntos de vista contradictorios inclinándose hacia uno u otro sin forzar su voluntad.


36 Vine. El terapeuta que conduce sin imposiciones.
Cede su compulsión a imponer su voluntad y ejerce su autoridad natural, siendo capaz de conducir al paciente como el hermano rezagado, respetando sus gustos y valores y siendo el guía para que cada uno conozca su propia ley.

37 Beech. El terapeuta que se reconoce en la adversa.
Reconoce que en los puntos de vista adversos se completa la unidad.
Deja los dictámenes y ejerce un lúcido enjuiciamiento sin penalizaciones. La meticulosidad se pone al servicio de lo lúdico. La irritación deja paso en la justa proporción inversa al humor y la tolerancia.

38 Rock Water.
El terapeuta que ejerce el magisterio tanto con su verdad como con la ajena.
En el estado positivo es capaz de obrar como el agua que entibia madura y modela desde las cualidades más intimas de los tejidos. Puede enseñar a empatizar con uno mismo y a fluir con la propia verdad.


¿Qué son las glosas de Edward Bach?

Hubo en el siglo XX un trovador celta que recitó una vez más las glosas de la tradición.
Tradición es una palabra cuya raíz etimológica alude al acto de entregar, de hacer llegar, de transmitir de una generación a otra el conocimiento.
Pudo haber sido en cualquier parte, pero fue coincidentemente en Gales, último reducto celta, y con ellas nacieron las Flores de Bach.
Pudo haber sido cualquiera, pero fue casualmente Edward Bach, un médico descendiente de bardos celtas, el que trovó en versos esta sabiduría en su Método de Curación por las Flores.
Pudo haber tenido cualquier estilo literario, pero se plasmó como un manual - al modo de los antiguos libros sagrados - destinado a garantizar inexorablemente, una pragmática.
El texto del manual emplea la palabra. Sin embargo, no se trata de aquella palabra homologada a los sistemas de signos lingüísticos, cuyas representaciones se apoyan en la linealidad del espacio visual.


Tampoco se trata de una palabra que pueda ser representada en un plano, como sería el caso de una tabla de doble entrada, que se sustenta en la superficie.
El texto del manual obliga a homogeneizar una representación de volumen, ya que los datos de cada glosa no cubren una misma sustancialidad temática sino que muestran una discursividad desbordada, a medio camino entre relato descriptivo de caracteres y acciones en una configuración de asechanzas y buenos sucesos, sensaciones y actitudes, y una modalidad gráfica casi plástica, una imagen, una contraseña.


Casi un ideograma, cada una de las 38 flores que integran este Sistema Alquímico equivalen a 38 glosas que describen una situación humana arquetípica, ni objetiva ni subjetiva, mediante una cincelada, acabada y concisa fraseología que impresiona no sólo el intelecto y la razón sino también a los sentidos y a la voluntad.
Hechas con una profesionalidad retórica entrenada en pautar tanto los deseos como las conductas, las 38 glosas se constituyen en una guía práctica, casi un objeto útil para relacionar al que consulta con su signo : una flor.


Quien lee el manual donde Edward Bach describe las 38 flores, encuentra un libro con un poder casi mágico, ya que sin que se diga en él ni una letra respecto de su objetivo la conclusión se desgaja por sí sola del ánimo del lector.
La comprensión surge como una revelación súbita, como una voz que le dice desde dentro: que este libro está hecho para que quien lo lea pueda identificar de un vistazo el signo - la flor - que le corresponda.


Junto al manual del Método de Curación por las Flores, está el Cúrese Usted Mismo, casi un salmo, un himno en el que viaja oculto un código de la caridad, de la castidad, del amor, de la compasión, de la perfección y de la iluminación, que encierra una ubicación, cosmogónica del arte de sanar que reaparece históricamente en diversas civilizaciones, una y otra vez.
Así resuene su voz: "A través de la historia ha habido tiempos en los que la enfermedad era tratada exitosamente. La salud no era una insistencia en combatir la enfermedad, sino en propender a la plenitud".


También ha habido tiempos - él nuestro es uno de ellos - durante los cuales el gran arte de la sanción ha sido olvidado. Pero dice Edward Bach: "Es tal el poder del camino de la naturaleza que es seguro que retomará a nosotros una y otra vez.
Si se piensa bien esto se entenderá porque los remedios florales de los que hablo, están extendiendo su uso a tal velocidad y en tantas direcciones".
En realidad, su uso y fama nunca se interrumpieron, porque seguramente durante aquellos momentos en que el conocimiento, permitió analogar el carácter vegetal al carácter humano en un listado y uso correcto de las hierbas, debió haber cundido un maravilloso estado de salud general.


De lo contrario, no se explica porque la fe en esas curas ha sobrevivido al surgimiento y caída de los imperios por cientos y miles de años.
"En los viejos tiempos, cuando una nación desaparecía, mucha de la grandeza de su erudición desaparecía con ella.
Pero ahora, desde que los descubrimientos se hacen inmediatamente universales, hay esperanza de que la bendición que se nos otorga con estos redescubrimientos será propagada por el mundo, y guardada por siempre segura en alguna nación".
Dos son los objetivos asignados por Edward Bach a su trabajo: presentar un método de sanción por medio de las flores y reducir todo lo que sea posible el temor que las enfermedades puedan provocarnos.


Al listado de las 38 flores, como a todos los inventarios característicos de los libros de la literatura sagrada, subyace oculto un enlace entre las prácticas que guían y las doctrinas que disciplinan esas prácticas. En este caso, entre los modos que describe cada flor y la doctrina que correlaciona estos modos.
Edward Bach tuvo la maestría de los que, una vez cada tanto en la historia, abrochan perfectamente los manuales a los evangelios. Así se abrocha el Cúrese usted mismo - un evangelio - al Método de curación por las Flores - un manual–.


Justamente por este abrochamiento pueden permanecer ocultos los axiomas doctrinarios y a la vez aflorar nítidamente su práctica disciplinada que, como las dos caras de una misma moneda, hacen posible la autocuración -
La utilización del método por un lego - en coexistencia con el cultivo del arte de curar, y la aparición del terapeuta.
Esta yuxtaposición hace que el arte de curar y de autocurarse atraviesen por sucesivos estados tanto en el lego como en el terapeuta. El Manual de Curación de las Flores pertenece a la ya mencionada tradición celta, cuya sustancia específica es la descripción de los estados que se experimentaban en el defecto como enfermedad y en la virtud como éxtasis En la curación de éstos estados provocados por experiencias personales se aplicaban todas las acciones doctrinarias de un Ars y una ética mística cuyos rituales y pasos no pretendían curar corrigiendo sino que eslabonaban estados de embriaguez y voluptuosidad cuyos materiales característicos "se experimentaban como entusiasmo y se atestiguaban en la lírica de los salmos".
Para este mundo celta, la sanción de los estados atestiguados por el entusiasmo no apunta a la erradicación de ninguno, ya que la sanción consiste en ser medido - en el sentido de que no haya falta ni exceso - y en la satisfacción de cualquiera de ellos, para lo cual la clave es no colocar a ninguno por encima de los otros. Se entiende así que la palabra que se usa para hablar de sanción sea castidad.


A esta castidad - que no es abstinencia - Bach la llamó cari-dad. Y no solo le otorgó en su filosofía, el status de madre de todas las virtudes, sino que cifró la tarea de sanar en relación con la medida proporcionada que, debía guardar la caridad con los demás respecto de la caridad con uno mismo. En esta concepción del mundo celta el quid de la sanación se pone en la experiencia personal y en la resistencia al saber impersonal, a lo objetivo y a lo racional en cuanto ellos hacen del espíritu un estado inalcanzable y de Dios un ser separado diametralmente del hombre. Para estos textos paganos - cuyo espíritu reproduce en el siglo XX la obra de Edward Bach - lo central no es sólo esta resistencia a la medicina impersonal, sino también a un Dios impersonal. Por esta vía, los textos resultan doblemente herejes. Primero, porque en ellos aparece la resistencia que se centra en evitar toda distribución moral o autoritaria entre un estado de salud y otro, después porque esto, a su vez, en lugar de instaurar un orden jerárquico establece pasos, escalonamientos, transiciones autárquicas.
Así como resulta imposible que pueda surgir al lado de estos textos paganos y de esta descripción de estados transicionales con que se describe la salud, autoridades académicas imparciales, tampoco es concebible la idea de un médico que juzgue estos estados negativos, como algo que le es ajeno.
Este Ars curandis sólo se adquiere como experiencia personal, y de él deviene un tipo de poder, por el cual se establece con los pares y con los pacientes, hermandades transitorias.

El que cura lo hace porque ha tenido la oportunidad de templarse y perfeccionarse atravesando los estados emocionales negativos. Pero el camino para encontrar la salud no es combatir estos defectos, si no contrarrestarlos con el desarrollo de la virtud contraria. Quizá la mejor manera de graficar la ética del gran arte de curar - como lo denomina textualmente Edward Bach - sea con la figura de los doce caballeros del rey Arturo, alguna vez asentados en el país de Gales. Numéricamente iguales a los doce remedios a los que inicialmente Bach llamo los doce curadores, a los apóstoles que se sentarían en la Ultima Cena y también a los Signos Zodiacales, hay entre todos ellos una segunda coincidencia: su diversidad apunta a señalar que hay doce modos para la virtud, ninguno mejor que otro, todos ubicados a la misma distancia del centro de la misma mesa sin cabecera: una mesa redonda. Lo que les daba derecho a sentarse a la tabla redonda del rey Arturo era el voto de castidad personal que habían hecho. Un voto que los compromete a alcanzar un estado de experiencia personal, diferente para cada uno de los doce, un camino de trabajo sobre la salud personal física, psíquica, emocional, mental y espiritual que propendía a la plenitud. Siguiendo con el modelo de la tabla redonda lo que faculta a un terapeuta, no puede surgir de autoridades académicas imparciales que juzguen estos 38 estados negativos como algo que les es ajeno. Como dice Bach, surgirá de hermandades transitorias con todos lo poderes de su arte para experimentar las acciones doctrinarias y las prácticas disciplinarias de un arte y una ética cuyos rituales y pasos sirvan para eslabonar estos estados y no pretendan corregir el sufrimiento. Por la importancia que tiene el recuperar este concepto de castidad como camino en la evolución personal, para la formación del terapeuta floral, es que hemos adoptado dentro de la Escuela Bach la construcción y escritura de Anécdotas - reflejo de las experiencias personales - en el adiestramiento de los futuros terapeutas. El trabajo de cada candidato se integra a la hermandad de un colectivo de nombres propios integrado por los de la misma promoción, resultando así que su lectura conjunta autoriza al nuevo miembro a sentarse en la mesa de los terapeutas. Como en todas las disciplinas del conocimiento, en la medicina floral está conjugado un sistema fuera del cual, los arquetipos en sí mismos, no significan nada, en el sentido en que una sola letra del abecedario, no resulta significativa.


El hecho de que un sistema sea finito - siempre 38 flores - hace que cada parte - cada flor - funcione con la lógica propia de su universo.
En el Método de Curación por las Flores, descripto por Bach cada una de las 38, forma parte de una secuencia vertical que se interrumpe al agotarse una serie.
El sistema está completo cuando se integran las siete series que guardan entre sí un orden - no arbitrario - inamovible, así como lo es el de los colores del arco iris, o el de los signos del zodíaco.
Eslabonadas entre sí las series, forman un firmamento de constelaciones entre las cuales de modo análogo a las secuencias verticales, se pueden tomar las secuencias horizontales, que completan la comprensión de la trama.
Las anécdotas que leerá a continuación ilustran estas relaciones sistemáticas entre los treinta y ocho arquetipos
Las mismas permanecen ocultas y la ensignanza que las saca a la luz es el conocimiento.

Contacto