La familia de apropiadores y apropiados (fragmento)

Autora: DIANA ROSENBERG

Acerca del poder del reconocimiento de la culpa

Los antiguos cristianos y las antiguas prédicas proponen: amar a la víctima compartiendo su dolor, y amar al victimario permitiendo que lo alcance la justicia; así cada uno ocupa su lugar en un proceso o juicio en que ambas partes se van desprendiendo como las capas de la cebolla, de distintas corazas, no solo meditando largamente, sino descubriendo su corazón.

Sabe que fue apropiada. Lo sabe porque una hermana mayor dijo un día que el peluche que le quería regalar a su sobrina recién nacida era de “mal agüero” y de ese episodio terminó por salir a la luz un secreto perfectamente encriptado, hasta este nuevo nacimiento en la familia. Según el mismo, Patricia habría llegado con apenas unas horas de vida, envuelta solo con una mantita blanca y con el peluche, después de un allanamiento y secuestro en el que participó su padre y apropiador, miembro de una fuerza especial del ejército. El hecho habría ocurrido en ese entonces, justo en la misma fecha –veinte años antes. Ahora Patricia ya tiene 40 años y su sobrina 20. Con su madre y su hermana de crianza se comunicó siempre poco. Su postura actual desde que comenzaron los juicios por apropiaciones, es que ha roto lanzas con el apropiador que la crió, quien la amenazó en esa oportunidad del nacimiento de la sobrina, con matarla si lo “buchoneaba”.

La investigación en la terapia muestra que estos dos contrincantes –Patricia y su padre apropiador– tienen lazos profundos de amor, aunque estén distantes y pese a que la confrontación ñde ambos motivó la separación física de aquella pareja parental y que se produjo en los hechos un cisma familiar, incluso geográfico. Después de esta segunda sesión, y ante la proximidad del día del padre, ella lo visita tras varios años de incomunicación, llevándole de regalo un piro-grabador eléctrico destartalado y ya en desuso, con el que el padre apropiador le enseñó, en la infancia, su oficio actual. En la visita, después de una sesión de pirograbado casi muda, en la que ambos lloran sobre unos mates lavados, ella le dice que va a ir a abuelas para buscar sus orígenes y que puede hacer lo que quiera contra ella. Desde ese momento, la terapia consiste en que Patricia lleve adelante su cometido y restablezca la relación con el apropiador y éste con su familia –conectar lo que quedó separado, restablecer la red de los afectos hasta donde sea posible– ya que como se ve en la pareja de Patricia, afectos como la bronca se transfieren a toda nueva unión y nueva separación.

Pertenencia o Ética

En las constelaciones, el colocar a los asesinos junto a sus victimas mostró que era imposible ocultar la gravedad y la consecuencia de sus actos. Por duro de soportar, fue la aceptación de la culpa y el abrirse a la compasión, lo que les creó una fuerte determinación en pro de la vida. Según Madelung (2001) “la dignidad del delincuente reside en su culpabilidad”.

El padre de Patricia relató que su madre lo dejó en un orfanato y no llegó a conocer ni siquiera el nombre de su padre, porque la madre se llevó este secreto a la tumba. Dado en adopción a los 12 años, su padre adoptivo se emborrachaba y le pegaba por lo que sabe, este padrastro de su apropiador, terminó sus días en prisión. él, muy temprano recurrió al alcohol y a las drogas junto con otros chicos de su edad y se desahogaba a expensas de mucha gente inocente. A los 18 años entró a robar, y su compañero mató al dueño del negocio. Actualmente, aquél cumple una cadena perpetua, mientras que él consiguió fugarse. El apropiador de Patricia estuvo interno desde entonces en escuelas militares, donde siempre se destacó, fue becado y poco a poco ascendió en la carrera militar.

La culpabilidad y la inocencia regulan la conducta de pertenencia y no la Ética

El bien y el mal se convierten en términos relativos.
La madre de Patricia no sabía, cuando recibió a la niña desnuda en la mantita junto con la mascota de peluche, si su esposo había cometido un acto de extrema maldad.

Su esposo, en cambio, se consideraba a sí mismo una persona intrínsecamente malvada. Otro miembro del grupo que había participado del allanamiento desaparición y secuestro del domicilio de los padres biológicos de Patricia, se crió en una familia encabezada por padres alcohólicos. Recibía –por parte de ambos– unas palizas que lo dejaban en medio de un charco de sangre. A la edad de 20 años, cuando un compañero de la “colimba” le robó el uniforme, lo dejó en coma, desde la escuela había sido compinche del apropiador de Patricia y asiduo de la familia, ella le decía tío. También criaba un niño apropiado, que fue quien contactó a Patricia con abuelas. Es sabido que es bueno preservar y defender la vida, y que es malo dañarla y destruirla. Preguntarnos por qué algunos individuos atraviesan esta barrera, es funcional a la comprensión de que son una flecha que sale de un oscuro residual familiar. Cada vez que el delincuente se coloca frente a la víctima en la constelación y se coloca también un representante del bien y del mal, puede verse que el propio delincuente coloca a la victima del lado del bien. Y, a él mismo, a una distancia simétrica de ambos.

¿Existe en estos casos algún miembro de la familia del delincuente que haya quedado excluido del sistema familiar y que esté decididamente ligado al mal? (Cohen). El amigo del padre apropiador de Patricia provenía de una familia de este tipo. Decidió con empeño sacar a sus hijos de esta mala vida y del lado oscuro de las cosas. Cuando se hizo esta constelación, coloqué a su representante al lado del bien, junto a las víctimas. Después traje al representante de su hijo y le pedí a Patricia que lo hiciera decir: “Yo me ocupo de mirar, lo que tu no quieres ver” (mirando al padre). Este chico ya había recuperado su identidad biológica y se ocupaba de darle continuidad a lo que su padre se negaba a mirar. Este último cumplía ya dos años en prisión. Después de decirlo, ella pudo colocarse a sí misma, y a él también, junto a las víctimas. Más tarde, sugerí a Patricia que fuera llevando a todos los representantes de compañeros de su padre a que pasaran dentro de la constelación –a todos ellos– y le presentaran sus respetos a las víctimas. Esta constelación generó una gran movilización en ella y tuvo prontos efectos en la madre de Patricia, en su hermana de crianza y en su sobrina, que se acercaron mucho a ella, de modo muy notorio.

Excluir a un miembro de pleno derecho (Nagy - 1973)

Este autor denomina así a un oculto y desconocido mecanismo que, aunque sea de modo conjetural, se desprende del conjunto de las constelaciones realizadas entre victimarios y víctimas. En ellas, sin ambigüedad, se vio que las víctimas eran las únicas capaces de reingresar a su asesino al sistema de la vida.

Los Juicios

Después de 30 años o más, los apropiadores están siendo condenados en Argentina.
Los hijos apropiados están puestos en un grave estado de alteración y la terapia debe acompañar estos procesos. Desde el enfoque de las constelaciones, algunas de las frases que promueven cambios en ellos y en su doble entorno, es la siguiente: el representante del victimario debe decir “Te asesiné y yo vivo. Si yo no te hubiera quitado la vida, los dos viviríamos. Lo siento”.

Este es solo un comienzo. A partir de ello: la víctima apropiada y el propio apropiador experimentan cierta calma, y la situación mejora en su capacidad de hacer un análisis y de reconocer los hechos. En un tercer momento, se pueden agregar algunos representantes más de los injuriados para que los representantes de los agresores, mirándolos a los ojos, les digan “Siempre que me encuentre con vosotros estará presente en mi corazón y en mi mente, la persona que maté”. Luego se puede girar hacia el representante de la víctima y decir: “Tú siempre estarás allí para atemperar y controlar mi reacción”.

Antes de volver a su sitio, cada uno de los representantes de los que participaron en las apropiaciones de un modo u otro, pueden decir que lo apoyarán para que pueda cumplir su intención allí declarada. Los representantes suelen asegurar que han alcanzado una verdadera paz, cuando esto sucede. Y algo muy importante es que después de estas experiencias, queda flotando el sentimiento de que quizás, la victima de esta manera, sintiéndose reconocida, salvaría de su tormento a alguna otra persona de las que están implicadas. El vínculo entre víctima y verdugo puede parecer contrario a toda lógica, ya que no está basada en el afecto o en la amistad sino en una intersección del destino que no puede deshacerse. El arrebatarle la vida, su identidad y la de sus hijos biológicos –que fueron apropiados– se convierte en un hecho irreversible que impide que puedan quedar libres uno del otro. Y el perdón solo sobreviene cuando voluntariamente los dos se retiran, generalmente por un alto nivel de conciencia.

En este momento histórico –2011 en Argentina– en que los torturadores asesinos y apropiadores están siendo juzgados, como componentes de una sociedad, rompemos cualquier tipo de relación con ellos y estimamos que esta exclusión está plenamente justificada, al hacerlo, los transformamos en espectros con alma que vagan por las sombras de nuestra justa y equitativa sociedad.
No es su merecida encarcelación, sino la representación que de ellos hace nuestra cultura popular lo que interfiere con los movimientos sanadores para víctimas y agresores por igual.

Poema de un condenado a perpetua

Primero me ignoraron.
Luego dijeron que no existía.
Luego incluso se negaron a verme.
A oírme, a sentir mi fuego interno.
Hicieron de mí un fantasma.
Un espíritu errante.
Una mera sombra, un soplo de humo.
Un espectro con alma.
Un sueño de su propia imaginación.
Una alucinación sentada a la puerta gritando
¡Abran!
¿Adivinen quien viene a casa a cenar? (Cohen)

La vergÜenza

Perla, una paciente, dijo sentir mucha vergüenza por el hecho de haber descubierto que su padre perteneció a un grupo de tareas durante el periodo de la dictadura. Se mostró muy sorprendida de que yo me negara a moralizar al respecto. En la constelación que se armó sobre la mesa, colocó a la vergüenza, a su padre, y a sus dos abuelos paternos. En ese momento aclaró que su abuela había sido madre soltera, que el abuelo que crió a su padre era un hombre mayor que le dio el apellido y que su padre siempre se había sentido muy avergonzado por ese hecho. Vergüenza que en realidad correspondía a la abuela y que él cargaba como propia. No dudó, cuando tuvo que elegir una profesión, en colocarse del lado de las personas que creen que por ser absolutamente inocentes tienen derecho a integrarse a un grupo como el ejército para luchar contra la subversión y el terrorismo que encarnaban la maldad. Y pregonaba a los cuatro vientos el hecho de que perpetuar el sufrimiento de otros para defender una causa noble era una noble causa contra los hacedores del mal. Siempre sostuvo que estaba libre de toda culpabilidad. Cuando sus hijos, entre ellos Perla, cuestionaron su actitud, en los crímenes de lesa humanidad, la primera palabra que acudió a su boca fue: vergüenza. Primero dijo que tenía vergüenza de sus hijos y luego, cuando fue citado a declarar y quedó detenido, en las primeras visitas con la familia, solo hablaba de que lamentaba que lo hicieran pasar esta vergüenza. Se trabajó en la constelación con Perla, el hecho de que el padre había llevado su vida adelante, hasta soportar la vergüenza que el hubiera querido que tuviera la abuela. Se hizo un ejercicio con la paciente para que éste le devolviera a la abuela su vergüenza. Los resultados inmediatos fueron que en las próximas conversaciones con su padre, éste se mostró más reflexivo respecto al rol que habían jugado él y sus compañeros de arma, en nombre de la honra y las afrentas que se habían cometido contra la patria.

La violencia cultural

En nuestro país, muchas etnias pertenecen, en la línea generacional de la mayoría de las familias, a cepas de individuos que han padecido distintos sistemas de apropiación tales como la mita y la encomienda, por la cual algunos miembros de la familia eran mantenidos bajo el rigor de la esclavitud y reducidos a la miseria por el racismo. Así mismo muchas de las mujeres americanas fueron violadas y preñadas por sus amos blancos. En nuestro conurbano, y en el de todos los países latinoamericanos, los grupos marginales que viven en viviendas inhumanas como las villas, se han convertido en jóvenes violentos que demuestran tener poca estima aún por su propia vida. Los colonos europeos, que fundaron núcleos poblacionales en los estados unidos, han recorrido el mismo camino y buena parte de la población negra comparte esta caracterización.

La crueldad de los irlandeses que es proverbial y sus fuerzas racistas, tales como el KKK han infligido castigos que no tienen nada que envidiar a los que narra Sade en Los ciento veinte días de Sodoma, ocasionando los mismos males.

En las investigaciones realizadas por Cohen en los presidios estadounidenses, menciona que un interno, en cierta oportunidad, después de constelar, agradeció la circunstancia de estar vivo. Y si bien no mostró ningún signo de indulgencia para con su padres, quienes le propinaban castigos bestiales, pudo reconocer que él y ellos se vieron atrapados en un imparable torbellino de violencia.

Dijo: “Ahora comprendo que solo eran personas que tenían problemas. Estoy muy feliz de sentir un soplo de aire fresco y ahora tengo momentos de paz y tranquilidad”. Pidió que colocaran a sus hijos en la constelación y les dijo: “Aunque a veces vuelva a ser violento y eso también les pase a ustedes, nunca más volverá a suceder que yo no me comporte como su padre”. El resto de los internos, que estaban abandonados y aislados de sus familias, empezaron a recibir solicitudes de alguno de sus hijos para visitarlos y hasta para traerles a los nietos. La mayoría de ellos tenía mucho miedo de estos encuentros. Un preso común, dijo que su hijo le había escrito que tenían una fotografía suya en el living junto a su esposa, pese a que el había sido su asesino. Estaba muy preocupado, porque sus nietos de cuatro, siete y nueve años, iban a reconocer el establecimiento carcelario y a preguntar por qué el abuelo estaba encerrado. (Cohen) Otro de los internos le aseguró: “Deja que vengan, ellos solo quieren quererte”.

La nieta mayor le confesó al llegar que ella tenía mucho miedo de que el abuelo no la quisiera. Aunque él le aseguró que nunca le haría ningún daño, ella le dijo que en su pesadilla él la mataba y que ya había matado a la abuela. Se sobrepuso y le respondió que ese había sido un lamentable accidente, que él -realmente- nunca dejaría de lamentar. En la reunión del grupo posterior a las visitas, el constelador aseguró al grupo que su acción había sido muy importante: animarse a explicarles algo a los niños, ya que con esto la nieta había quedado a salvo de una pesadilla que podría haber durado muchos años. Este momento fue crítico porque todos los hombres que hacía años estaban separados del mundo y de sus familias, comenzaron a hablar de sus mujeres. Uno dijo que había matado a su amante, producto de una relación extramatrimonial y había estropeado la vida de toda su familia. Y pidió ayuda para saber por qué nunca había podido tener una relación de intimidad sincera. (Cohen)

Otro contó que mantuvo por años una relación con una mujer que lo amaba, sin aceptar que él la amaba, ni querer comprometerse con ella. Al día siguiente, un cuarto interno relató que había tenido un sueño en el cual su hijo menor venía a traerle las fotos de su boda. Fue en la semana después de que todos hablaran de sus problemas con las mujeres. Le dijo que ahora que su padre sostendría en sus hombros la carga de su propia vida, sintió que estaba libre para tener relaciones más armoniosas y sanas con las mujeres.

Este mismo interno preguntó cómo podía su hijo haber recibido este mensaje, siendo que él solo había actuado de representante, prometiéndose a sí mismo que no se implicaría y que una vez más vio que estaba equivocado, ya que al final de la constelación se encontró de nuevo azotado por un huracán emocional. (Cohen) Las constelaciones imponen a los participantes unos gravámenes emocionales demasiado altos.

Una constelación simplemente concentra la omnipresente sopa de sentimientos tenaces y la convierte en una potente pócima que se toma de un solo trago y sin nada que la suavice. (Cohen) Otro dijo que se le pidió que hiciera de bisabuelo y trató de permanecer indiferente. Aunque se le vertían las lágrimas. Sin embargo, se despertó por la noche aterrorizado y gritando: “¿Y todavía se preguntan por qué bebo?”. Aunque provoque inquietud y miedo, la constelación termina resultando purificadora e iluminadora, porque al ayudarnos a atravesar la oscura noche del alma nos pone en contacto con nuestra esencia más pura, hace que nuestras promesas sean sinceras y que nos ubiquemos en el presente inmediato en vez de sentirnos mediatizados por las amenazas y los temores velados de la mente. (Cohen) La frase “y todavía se preguntan por qué bebo” fue una alusión directa al alcoholismo que tanta pesadumbre había causado en esta familia de irlandeses. El soñador llegó a considerar su sueño como reliquia del alma, algo así como una memoria arcaica de una masacre cataclísmica ya olvidada, que desencadenó un trauma recurrente en su línea ancestral paterna y colocada en ese contexto resultó purificadora y liberadora para toda la familia.

Dos veces después del sueño dijo: he dejado atrás mi encarcelamiento y con mucha ironía agregó– cuando estaba fuera de la prisión estaba encarcelado por la violencia y desperdiciaba mis años dedicándome exclusivamente a ella y a la adicción, aunque podía ir donde quisiera. En las calles yo era un prisionero de mi vida, entre los muros me siento libre y en paz. Un interno que procedía de una etnia del oeste de Los Estados Unidos pidió –poniéndose de pie– aplicar un ritual de su tribu a esa constelación del hombre de Irlanda. Consistía en que algunos pasaran espontáneamente y poniendo una mano sobre el hombro del representante, dijeran lo que sentían. Ocurrió un milagro, porque todos hablaban de una alegría vieja cuando los ancestros del constelante vivían en la época de oro de la civilización, desplazada a la que él pertenecía.

Los antiguos cristianos y las antiguas prédicas proponen amar a la víctima compartiendo su dolor, y amar al victimario permitiendo que lo alcance la justicia –así cada uno ocupa su lugar– en un proceso o juicio en que ambas partes se van desprendiendo como las capas de la cebolla, las distintas corazas, no solo meditando largamente, sino descubriendo su corazón. Desde que estamos contra la justicia por propia mano y contra la pena de muerte, y entendiendo que los humanos ya no nos comemos unos a otros, hay otra salida para personas que participaron en estas cosas. La terapia acompaña para que alguna vez puedan reflexionar y puedan pensar, en cómo llegaron a hacer este tipo de cosas y hacerlo sin excluir ni expulsar a ninguno de los que están en el sistema, de los afectos familiares –por más que cueste imaginarlos tirando gente de los aviones.

¿Solo si no se excluye de la red de afectos a los perpetradores, el fallo es “reparador”? Esa es la pregunta que nos formulamos en este trabajo. También la sociedad debe participar en su conjunto para desarrollar conceptos de patria, comunidad y ley, e incorporar a los maestros la escuela en este reordenamiento, ya que sería erróneo creer que solo afecta a los que protagonizaron estos hechos y casos del gran libro que los reúna.
Este, arma el mito de lo que somos, junto con la existencia de las madres y de las abuelas, como polo de decantación en la búsqueda de la memoria, la justicia y la verdad. Ha sido y continúa siendo imprescindible la universalización de estas causas, para el colectivo País.

Sobre la victimización y el genocidio de las etnias, se fue desarrollando nuestro país con la estratificación de la violencia que dentro de las fuerzas represoras cuajó en la posibilidad de que muchos individuos fueran capaces de una crueldad suprema que sobrepasó en su perversidad los límites de lo aceptable y por convención. En los casos en que el estado como tal interviene, se constituyen en delitos a los que jurídicamente se los encuadra como de lesa humanidad. En otros conflictos como el de negros colonos y como el caso entre palestinos y árabes e israelíes y tantos otros genocidios, el método de las constelaciones aporta un hilo donde vemos como los sentimientos más inhumanos, encuentran otra vez, el camino hacia los sueños de vida para generaciones que arrastran compromiso con el alcohol, la violencia, la adicción y la falta de respeto por la vida.

Libro:"La familia de apropiadores y apropiados".

De Diana Rosenberg

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